VICO.MX

Próximas fechas

Conferencia: ¿Qué significa ser universitario hoy?

22 de agosto a las 12:00, Auditorio General, Universidad  de Guanajuato, Guanajuato.

CONFERENCIA GTO

Presentación de “Filosofía para desconfiados”

24 de agosto a las 16:00, Auditorio Josefina García Quintanar, Poliforum, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Pachuca.

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Conferencia: ¿En qué mundo quieres vivir?

28 de agosto a las 17:00, Auditorio del Museo de Ciencias Caracol, Ensenada, Baja California.

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Bienvenidas a la UNAM (2019/2020)

Calendario de conferencias

Este será el quinto año consecutivo que estaré impartiendo las conferencias de bienvenida a los alumnos de nuevo ingreso de la Universidad Nacional Autónoma de México, y en algunos casos a sus padres.

En esta ocasión serán 24 las conferencias que impartiré, a petición expresa de los 10 distintos planteles que han tenido a bien invitarme. ¡Si alguna te queda cerca no dudes en acercarte! ¡GOYA!

Calendario de bienvenida UNAM

“Filosofía para desconfiados”

!Ya está en todas las librerías de México!

portada filosofía para desconfiados - Vico

Si vives en la Ciudad de México ya te lo puedes encontrar en todas las librerías, y si resides en otros puntos de la geografía mexicana, en los días finales de la próxima semana y subsecuentes, podrás verlo en los anaqueles y mesas de tu librería de confianza, allí donde quiera que vivas.

“Filosofía para desconfiados” es la apuesta de la Editorial Planeta por un texto, especialmente pensado y escrito para los jóvenes, que ya de por sí había superado todas mis expectativas. “La soledad de los pájaros” vendió más de 3200 ejemplares en México sin distribución alguna y se convirtió en texto de referencia para las asignaturas relacionadas con la ética en las licenciaturas de la Universidad Mexiquense del Bicentenario en su campus de Tultitlán y también, hasta donde sé, es lectura en varios planteles de Secundaria y Media Superior tan solo por la fuerza del boca-oreja y la pasión de los profesores que lo descubrieron.

Promo Filosofía para desconfiados - Vico

Hoy, con un nuevo estilo gamberro y descarado, actualizados sus datos y aguzados los colmillos, atractivo como un meme en el momento preciso, pero profundo, traicionero y demandante, sale a la venta “Filosofía para desconfiados” con toda la rabia, mala leche, ironía y falta de compasión por el lector de piel sensible, que pude parir al escribirlo. Si ya me conoces, esto último no te extrañará ¿Verdad?

La filosofía, y sobre todo la divulgación de sus ideas, no creo que se deba hacer con suavidad ni delicadeza, con miedo a despertar al durmiente, y mucho menos hoy en día. Yo prefiero hacerla a golpes, a martillazos, con humor sí, pero el justo para bajarte la guardia y golpearte el doble de fuerte. Porque nos estamos insensibilizando, deshumanizando o, simplemente, estamos transvalorando lo que hasta ayer creíamos que nos hacía humanos y mañana, cuando quizá ya sea demasiado tarde, quién sabe qué seremos si no reflexionamos hoy seriamente sobre qué nos está pasando y el obvio papel que cada cual tiene sobre sí mismo y su entorno inmediato, que es a la sazón, lo que posibilita el sentido de nuestras vidas y nos da identidad. ¿O acaso vives en una isla desierta o crees que no necesitas a nadie?

Así pues, agradezco infinitamente al Grupo Planeta México el enorme esfuerzo y la temeridad de apostar por la Filosofía como lo está haciendo, sin mesura y con toda la fuerza de su maquinaria humana, para brindar la hasta ayer utópica posibilidad de llevar estas pequeñas balas amarillas contra la estupidez humana a todos los rincones de un país que siento ya como mío, y a unos habitantes, los más jóvenes en este caso, a los que me niego a dar por perdidos.

Audax sed cogita

La turborrealidad que vivimos impide un ocio pleno

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Vico, un filósofo de la UNAM

La turborrealidad que vivimos impide un ocio pleno

Para disfrutar la ociosidad del tiempo libre se requiere altas dosis de coherencia, de pensamiento crítico y de introspección

¡Deja de estar de ocioso!”. Suena imperativamente negativo, suena a la frase muy mexicana: deja de “echar la hueva”. Pero si a Platón y a Aristóteles se les hubiera interpelado así, no tendríamos ni sus Diálogos ni su Ética nicomaquea. Tampoco tragedias como el pan y circo romano.

El ocio, entonces ¿es o no lo mismo que pereza? ¿Qué dice Vico, no Giovanni Battista sino David Pastor, filósofo y académico de la UNAM, a ésta y otras “preguntas chulas”?

Ese pecado capital es darse a la indolencia. No hacer absolutamente nada, sostiene Vico, autor de La soledad de los pájaros, que será reeditado en junio con el nombre Filosofía para desconfiados . El ocio, en cambio, es realizarse uno mismo haciendo lo que a uno le gusta. Para los latinos, sólo gente de buen estatus social podían ser ociosos: dedicarse a uno mismo. Sin embargo, parece que últimamente la ociosidad es mal vista.

Si la pereza es un pecado capital, ¿cuándo el ocio es una virtud?

Para los filósofos clásicos, la actitud virtuosa era aquella que te llevaba a los temas universales y trascendentales: el bien, la verdad, la belleza, la justicia. El ocio es una virtud cuando empleamos el tiempo para acercarnos al conocimiento y al regocijo dentro de estas ideas universales.

Emparentados etimológicamente, ¿negocio siempre es la negación del ocio?

En términos latinos, si ocio es otium y negocio es negotium, negocio es absolutamente la negación del ocio. Es la negación de hacer aquello que te gusta, de encontrarte a ti mismo, de disfrutar. Sin embargo, hay una máxima oriental: si trabajas en aquello que te gusta (generar dinero, por ejemplo), no lo consideras trabajo. Y no sería la negación del ocio, porque uno hace lo que le gusta y lo completa como ser humano.

¿Hay tipos de ocio? ¿Todos los ocios son iguales?

No. Los ocios deberían ser todos diferentes, porque no todos somos iguales. Sin embargo, la globalización nos ha llevado a una estandarización del ocio. La moda es pasar el tiempo viendo series de Netflix. Ahí dedicamos nuestro tiempo de ociosidad. Parece que todo el mundo lo dedica a lo mismo. En redes sociales como Facebook e Instagram se cuelgan fotos de sitios de vacaciones, por ejemplo, que al final son básicamente iguales: hoteles resort, ruinas, platos de comida.

¿Hay una pérdida de identidad?

No es tanto la pérdida de identidad sino la asunción de un rol común para todos, por moda o conveniencia social. Pero como todos somos diferentes, al final esto lleva a frustraciones individuales.  Es raro subir una foto a Instagram leyendo en el sofá. Eso lo puede hacer “cualquiera”, pero no ir de viaje a Europa.

Te dicen que hagas cierto tipo de cosas: “no pierdas tu tiempo, aprovecha tus vacaciones”. Pero está mal visto si pasas tu tiempo de ocio durmiendo. Aunque eso no signifique que seas perezoso u holgazán. Es simplemente una forma de disfrutar tu tiempo de ocio.

¿Cuál sería la mejor inversión del ocio como tiempo libre?

Es complicado. Primero hay que ver qué nos hace realmente feliz, qué nos gusta, en qué nos reconocemos cómodos. Luego, ceñirnos a aquello que nos motiva. Eso sí sería un camino virtuoso: hacer aquello que nos hace sentir bien.

El bien es un don universal. Así que aquello que me tiende al bien es una actitud virtuosa. En cada uno sería diferente. Pero algo que ahora no hay, es tiempo de introspección para conocernos a nosotros mismos. Griegos y latinos lo tenían claro: nosce te ipsum, conócete a ti mismo. Y una vez que te has conocido, ya sabrás como lo vas a invertir.

Muchas veces el mejor de los ocios, el mejor tiempo invertido en el ocio, es aquel que es gratuito. Y para que sea gratuito, algo sencillo es compartir con los demás. No se necesitan grandes inversiones: los ahorros de todo el año, gastarse todo el aguinaldo, para disfrutar nuestro tiempo.

Para saber si lo estamos haciendo bien, lo que necesitamos son altas dosis de coherencia, de pensamiento crítico y de introspección.

Sin embargo, vivimos en una turbo-realidad, tan atroz, tan acelerada, que muchas veces no nos damos tiempo para eso y nos vamos, como imbéciles, con “el paquete” para vacacionar que nos aparece en redes sociales, sin darnos cuenta que este tipo de tiempos de ocio, pautado, intinerado (vamos a Europa y visitamos diez ciudades en cinco días), muchas veces nos genera estrés. Cuando regresamos, deseamos empezar a trabajar para descansar. Es un absurdo absoluto.

La humanidad, si nos asomamos a su historia, ¿qué bueno y malo le debe al ocio?

Le debe mucho. Al ocio le debemos la posibilidad de que hace 2500 años se pudiera dedicar tiempo para pensar, especular. Si Platón y Aristóteles no hubieran tenido tiempo de ocio, no tendríamos ahora el pensamiento aristotélico y platónico que define al pensamiento occidental. Sin ocio, Tales de Mileto no podría haber hecho ningún cálculo.

También le debemos grandes tragedias. En la antigua Roma, una forma de pasar el tiempo de ocio era ir al circo, donde había enormes matanzas.  La entrada era gratuita porque los espectáculos circenses eran pagados por la nobleza latina.

Hoy para disfrutar tiempo de ocio hay que pagar Netflix, la entrada al cine, las vacaciones. Uno se entretiene también con campeonatos de lucha de artes marciales mixtas donde le parten la cabeza al otro. Cuidado, un ocio mal dirigido trae este tipo de desgracias.

En la Ciudad de México, el gobierno ofrece espectáculos que son pan y circo.

La expresión es muy acertada. En la antigua Roma, un día entero de diversión gratis y con comidas era un ejercicio de manipulación absoluto. Hoy también y hay que tener cuidado con estos eventos, donde la gente saca sus malas vibras; la catarsis, para los griegos, que es desprenderse de la tensión acumulada en la semana.

Amansarnos y aborregarnos (hoy con espectáculos musicales, por ejemplo) es una práctica que tiene más de tres mil años de antigüedad. El homo sapiens ha cambiado algunas cuestiones culturales, pero su biología y psique es igual. Somos igual de fácilmente manipulables hoy que hace tres mil años.

La clase política mexicana, sus cámaras legislativas, ¿tienen la virtud del ocio o caen en el pecado capital de la pereza?

Me sorprende cómo a países con 150 millones de habitantes y con pocos legisladores les va bien y a otros, con muchos más políticos dedicados, les va regular o tirando a mal. Dentro del anecdotario, y según el medio de comunicación, la foto que veo es de “mucha gente durmiendo”, perdiendo el tiempo o haciendo otras cosas. Eso lleva a señalarlos con el dedo de la pereza, de la indolencia, pero supongo que habrá muchos que trabajan. ¿Qué tanto? Habría que ir a las cámaras de vigilancia para elaborar nuestro propio juicio, pero como no tenemos tiempo, acabamos comprando la idea que nos venden los medios y poco más.

¿El tiempo libre dedicado a las redes digitales es ocioso?

Es y no ocioso. Sobre todo para los jóvenes, para los nativos digitales, se han convertido en su canal de socialización. Así que no es ocioso, sino necesidad de compartir, de estar y sentirse parte de algo. Somos, como decía Aristóteles, animales políticos y como tales necesitamos darnos a los demás, aprender de los demás. Quizá no sea el canal apropiado, ya que las redes son empresas privadas con intereses económicos.

Dentro de la percha que ofrece esta posibilidad de comunicación, hay muchas opciones de ocio. Sin embargo, un estudio de la UNESCO-Motorola indica que los jóvenes mexicanos millenians traen el celular prendido las 24 horas del día y que el tiempo de conexión a internet es de ocho horas un minuto diario. Dentro de ese lapso de necesidad de comunicación, sin duda, hay momentos de ociosidad.

Muchos adultos, migrantes digitales, utilizan las redes sociales como fuente de información. Sin embargo, estas no son una fuente fiel. Son el eco de nuestro propio gusto. La cámara de eco, porque solo nos muestran aquello que responde a nuestro gusto y lo que no nos gusta, no aparece. En muchos casos la utilizamos “para matar el tiempo” que no sabemos en qué invertir y de alguna manera lo gastamos en las redes. No para hacer lo que nos gusta. No para esa definición virtuosa del ocio.

¿Cómo administrar mejor el tiempo libre para un ocio más productivo, más creativo?

Productividad, perder el tiempo… son juicios de valor, forman parte de un lenguaje economicista y con tintes neoliberales. Hay que tener cuidado con eso, porque el tiempo de ocio es invertirlo en lo te dé la gana y te reconforte como individuo.

La frase “perder el tiempo” también es peligrosa. El tiempo no se pierde, transcurre. Puede que no sea nada productivo a nivel económico, pero sí reconfortante a nivel humano: tomar un curso, hacer deporte, leer novelas, hablar con los amigos. Y eso es lo importante, encontrar el fiel de la balanza humana, haciendo algo que nos guste y la pasemos bien, para tener esa sensación de plenitud.

¿El ocio debe estar asociado a la felicidad, al hedonismo, al placer?

Verás. Qué temazo. Hoy hedonismo nos remite a esos cuadros de grandes bacanales, con gente bebiendo y haciendo el amor. Pero para Epicuro, el hedonismo no es la búsqueda del placer sino la huida del dolor, porque la vida genera dolor. Así que hedonismo es estar en equilibrio, en un estado de tranquilidad, donde el dolor no tenga prevalencia y haya, entonces, momentos a los que llamamos placer.

También hemos confundido felicidad con placer. Yuval Noah Harari, en Homo sapiens. De animales a dioses, dice que el placer detona en el cerebro una bioquímica que nos genera una tendencia a repetir esa búsqueda de placer que entra en una espiral de una sociedad que falsamente la va haciendo coincidir con un concepto de felicidad mercantil. Una felicidad que se puede comprar.

Sin embargo, la felicidad no es más que un intento de vida coherente, de encontrar nuestras propias posibilidades hacia algo que nos haga sentir realizados.

Esa felicidad debe ser una cotidianidad para que el ocio se desprenda de su mercantilización, de esa necesidad constante de ser reforzada por el placer. Sin embargo, cuesta trabajo encontrar ese momento para “verse uno a sí mismo”, porque no somos más que números que responden a intereses de otros, de terceros.

¿Hay que preguntarse uno mismo para Ser en el ocio?

Exactamente.  Nosce te ipsum es un concepto filosófico que tiene más de tres mil años. Conocerse a sí mismo es saber cuáles son sus limitaciones, sus pasiones, y sobre qué virtudes afanarse. El ocio es esa parte de la vida que nos permite trabajar en ellas, realizarnos.

Se confunde quien intenta desarrollar sus virtudes en el trabajo, porque trabajar no es que más vender tu tiempo de vida útil aún tercero, que va a sacar provecho a su inversión. En el trabajo no se encuentra uno a sí mismo, uno no se realiza. Creerlo es uno de los mayores errores, porque nos obligamos a encontrar la felicidad en el trabajo, lo que es imposible para el 99 por ciento de la humanidad, y finalmente acabamos alienados y separados de nosotros mismos, comprando paquetes económicos para irnos a Europa y visitar 10 ciudades en cinco días.

¿Algunos consejos?

Mi consejo para encontrar una práctica ociosa –dice Vico, comunicólogo, conferencista y académico de la Dirección de Deportes de la UNAM– es buscar dentro del autoconocimiento, realmente qué quiero hacer, qué me satisface y, sobre todo, si puedo hacerlo con lo que tengo alrededor. Si es así, hay que disfrutarlo y nada más.

 

http://www.gaceta.unam.mx/la-turborrealidad-que-vivimos-impide-un-ocio-pleno/?fbclid=IwAR2nUTz0PmwZVzqQh6oO1gyzXx43vzwROHgQYfcE0g-SlH76r-cgOqbpZ9U

 

Nuestra estupidez no tiene límites

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Nuestra estupidez no tiene límites

Por definición la palabra frontera nos catapulta inmediatamente a la palabra límite,  esto es, y según la RAE, la “línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios”. Y aquí nos asalta a la memoria las sinuosas formas de los ríos, golfos, lagos, estrechos, penínsulas, o cordilleras que son usadas como “fronteras naturales”, o esas otras líneas trazadas algunas veces con pulso tembloroso y otras con regla y plomada, como las fronteras de Egipto, Sudán, Libia y Chad, y muchas tantas otras, exactamente igual de arbitrarias todas, pues al fin y al cabo, las “fronteras naturales” no son más que una convención de ciertos hombres en determinado momento.

Y es que el tiempo es un factor que nunca aparece ligado a esta concepción  de límite, pues se le presume a la misma una categoría trascendental capaz de justificar genocidios, éxodos, invasiones, imposiciones culturales, acuerdos y desacuerdos históricos, sometimientos, humillaciones, alianzas, esclavitud, explotaciones y expropiaciones e, indefectiblemente unido a esto, complejos y orgullos igual de estúpidos de todos los colores y acentos a los que solemos dar nombres como patriotismo, nación, soberanía, y demás términos grandilocuentes que justifiquen lo anterior y fijen cómo tienen que ser las cosas per sécula seculórum, esto es, y para que se entienda, para siempre. Porque de no ser para siempre cómo justificar cualquiera de estas acciones.

Banderas, himnos, juramentos, homenajes a una historia siempre retorcida y manipulada, son al fin y al cabo convenciones litúrgicas inventadas para justificar y glorificar la pertenencia a un pedazo de tierra limitado por la interpretación de un azar geográfico o una línea en el suelo. Y estas no pueden, por definición, tener presentes que su permanencia está ligada al albur del tiempo, a la contingencia. Pues sería evidenciar la estupidez de nuestro modelo social basado en la defensa de nuestra identidad histórica y cultural como pueblo. Así que llegado el momento, en contra de lo que dicta nuestro instinto de supervivencia animal, la protección de estos límites caprichosos será justificación, absurda por definición lógica, del sacrificio último, del holocausto voluntario de todos los que viven dentro de ellos, y la historia los aplaudirá, lo justificará y lo tomará como ejemplo, para mantener ese estatus quo que entendemos connatural a nosotros mismos.

Y esta limitante es uno de nuestros problemas reales porque pareciera que nuestra estupidez sí que no tuviera límites. Y es que no nos queremos dar cuenta que desde hace 200.000 años hemos ido trazando líneas de separación y fronteras entre nosotros mismos que azarosamente el viento del tiempo ha ido cambiando y así seguirá siendo, porque basta con ver el mapamundi de las últimas décadas para darnos cuenta que nunca dejó de moverse, aunque no nos llegara a afectar directamente, y así seguirá. Unos se querrán anexionar, otros separar, y otros invadir y someter al vecino y todos esgrimirán causas aparentemente justas y nobles que justifiquen su acción o sacrificio. Pero esos límites están realmente en nuestras cabezas y a quienes nos limitan es a nosotros mismos como especie, a nuestras posibilidades de vivir felizmente día a día, de sobrevivir a lo que está por venir y no queremos ver. Nuestros límites deben estar allí donde aún no hemos podido ir para sobrepasarlos todos juntos poco a poco, de la Tierra a las estrellas. Pero para asegurarnos esa posibilidad de supervivencia debemos actuar como lo que debiéramos ser, una tribu global, cada cual con sus colores y acentos, pero nada más, ninguno mejor que el otro. Solo así podremos sobrevivir 200.000 años más, y los que vengan.

Educar para formar mejores seres humanos

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Educar para formar mejores seres humanos

Foro Consultivo, Científico y Tecnológico, A.C. Boletín No. 311 / Ciudad de México, 11 de septiembre de 2018

  • Las carreras técnicas son alternativa para cubrir demandas de la industria pero también para crear ciudadanías empoderadas: IMCO.
  • De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la educación técnica es una oportunidad para enfrentar la demanda de capital humano altamente especializado; la inversión de tiempo y dinero para una carrera técnica es significativamente menor a la de una licenciatura pero, ¿encontrar trabajo es la única razón para perseguir los estudios?

En entrevista para el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, David Pastor Vico, filósofo y experto en ética y transmisión de valores, opinó que la educación no debe de formar mejores profesionales sino mejores seres humanos y ciudadanos. “Ciudadanos más libres, ciudadanos pensantes, ciudadanos críticos, ciudadanos que entiendan cuál es su papel en el mundo y que generen una posibilidad de cambio mejor en el propio sistema”.

Formar ciudadanos y no sólo técnicos es crucial cuando cada vez es más evidente que las posibilidades laborales después de concluir una carrera se han ido reduciendo; muchos jóvenes terminan trabajando en áreas para las que no se prepararon y con salarios que no van de acuerdo con la cantidad de tiempo y recursos que invirtieron durante su educación superior. “Estamos sacando los mismos títulos, estamos teniendo los mismos desarrollos académicos que hace 50 años y, sin embargo, no vivimos en el mismo mundo con las mismas oportunidades”, explicó el filósofo.

La situación actual demanda medidas y acciones diferentes que se basen en la innovación, el emprendimiento y la colaboración entre los sectores pero el modelo educativo en México no toma esto en cuenta y sigue preparando jóvenes con base en un sistema económico neoliberal que los forma dentro del individualismo.

“Estamos viviendo una encrucijada un poco paradigmática, nuestro modelo económico se basa en el individuo pero la posibilidad de desarrollo e innovación de los individuos se basa en la colaboración, y ¿en dónde lo aprendemos?”, reflexionó Vico.

El experto ahondó en la idea de que México tiene todo (riquezas naturales y ubicación geográfica privilegiada) para poder permitir el acceso gratuito a cualquier cosa, entre ellos la educación, pero que esto no se ha logrado principalmente por trabas políticas.

“¿Por qué no hay un gran pacto de gobierno para cambiar el sistema educativo a 40 años? Porque eso implica un cambio de modelo económico y sobre todo un cambio de modelo de los dirigentes políticos (así como) un trastoque dentro de las clases sociales y de la oligarquía que domina la economía; eso pone en entredicho el estatus quo reinante”, analizó el experto.

Y sí, a la fecha existen instituciones que están haciendo el esfuerzo por integrar una educación teórica y técnica con un análisis crítico para encaminarla, pero no se ha convertido aún en un esfuerzo unánime y el resultado, concluyó Vico, es que seguimos fomentando el uso  de la razón instrumental. “No estamos formando ciudadanos, estamos formando técnicos, y si sólo formamos técnicos, cuando esperamos un desarrollo cívico no lo encontramos porque no lo hemos formado; eso es un problema capital”.

http://www.foroconsultivo.org.mx/FCCyT/boletines-de-prensa/educar-para-formar-mejores-seres-humanos-pastor-vico

¡Comí en casa de los vecinos!

CCH AZCAPOTZALCO

¡Comí en casa de los vecinos!

Esta respuesta automática de la boca de un niño al regresar a casa, casi sin pensar, puede ser absolutamente normal y hasta redundante, o totalmente desconcertante y sospechosa dependiendo no del lugar de afirmación de la misma, sino del año en la que el infante la espete a sus progenitores.

Y es que lo que para unos fue una conducta normal y repetida en décadas pasadas, pudiera parecer hoy algo de lo que preocuparse y mucho, y que no debe tomarse a la ligera. En una realidad social donde la desconfianza campa a sus anchas y no queremos, ni nos importa, saber a qué se dedican nuestros vecinos ni cómo sus llaman sus malditos hijos, la posibilidad de que el nuestro llegue a casa y nos diga sonriendo “¡Comí en casa de los vecinos!” sería motivo de un interrogatorio intimidante, unas palabras más que acaloradas con los vecinos de marras y quién sabe si motivo suficiente para una investigación judicial… “Porque quién sabe lo que los vecinos hagan en su casa con sus hijos… ¡pero con los míos no!”.

Confianza interperonal LATINOBARÓMETRO 2017

Hace no muchos años era imposible no saber cómo se llamaban los hijos de tus vecinos porque con ellos jugabas todo lo que quedaba de día al volver de la escuela y cumplir con las obligaciones que esta exigía. También era imposible no saber a qué se dedicaban sus padres porque, más temprano que tarde, tocaba visitar sus casas; para beber un vaso de agua que aplacara la sed del juego, para refugiarte de la lluvia y seguir jugando secos y calentitos o para ver tu programa favorito de televisión con tus amigos, y claro el roce hace el cariño y de ahí a comer en casa del vecino no hay más que afinar con la hora de la visita y un contestación absolutamente oportuna e interesada cuando te preguntaban “¿Has comido algo?”.

Y de esto, y de muchas cosas más al hilo de estos asuntos sobre la confianza y el valor del juego para los distintos desarrollos del animal humano, es de lo que he tenido la oportunidad de hablar con los más de veinte mil asistentes a las treinta conferencias de bienvenida que en los últimos días he tenido el honor de impartir, y más especialmente en aquellos encuentros en los que tuve como público a las madres y padres de los alumnos que ingresaban a bachillerato o licenciatura en distintos planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Desde la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza, los planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco y Vallejo, o las facultades de Contaduría y Administración, Química y Odontología, todas fueron oportunidades maravillosas para reflexionar sobre si tiene algún sentido este celo protector, desconfiado y temeroso que está haciendo de nuestros jóvenes personas igual de temerosas y desconfiadas, desprovistas de las muchas experiencias del juego y las relaciones vecinales que nos han formado como los adultos que somos y que, paradójicamente, hoy ni potenciamos ni valoramos, e incluso nos ufanamos despreciar a la ligera.

Este breve, pero intenso ciclo de conferencias, tuvo como cierre oportuno la mención obligada a José Antonio Marina y aquel refrán africano que, a golpe de escuchárselo muchas veces, yo también acabo repitiendo y haciendo mío: “Para educar a un hijo es necesaria la tribu completa”.

PANORAMICA CCH VALLEJO 2

Pelotitas de ping pong

IDIOCRACY (2006)

Pelotitas de ping pong

Desde hace algún tiempo, una idea estúpida y radical, anda merodeándome como un lobo desde las sombras del bosque. Se la he comentado a algunos amigos pero siempre con el mismo preámbulo: “Si me preguntan juraré no haberlo dicho, así que no sean cabrones, por favor”. Pero es posible, que este sea un momento y sitio lo suficientemente insustancial, como para intentar explicaros está idea necia que desde hace tiempo me taladra la sesera.

Tenemos la casi certeza de que el aumento de población a lo largo de nuestra historia, como animales humanos, también nos ha traído, en igual medida, un aumento de las circunstancias y sustantivaciones, esto es, a mayor población mayor cantidad de asesinatos, de adelantos tecnológicos, de amores, infidelidades y suicidios, de mediocridad o de genialidad, y así suma y sigue. Y pensando así, vagamos por el mundo esperando encontrar el brillo de la mirada de Einstein en nuestros hijos o, mejor aún, en nuestro propio reflejo en el espejo.

 A mayor población, aseveramos, mayor cantidad de genios, de mentes brillantes, de personas especialmente dotadas para el trabajo intelectual, y hoy los rebautizamos como Elon Musk, o Bill Gates, o… ¿Quizá estemos elevando demasiado nuestras expectativas, no crees? Porque de estos prohombres solo hay un puñadito por centuria, si tenemos suerte, y casi pareciera que lejos de aumentar en relación a la población fueran una constante. Bajemos un poco el listón, porque, además, convendrás conmigo que estamos otorgando el rango de genialidad tasándolo en relación a los ingresos bancarios y eso pareciera una frivolización de la figura del genio, ¡los genios mueren pobres! Pero no todos, no se nos olvide que a su muerte Leonardo da Vinci legó una de las más grandes fortunas de Italia… pero eso es otra historia.

Pensemos más bien en personas intelectualmente dotadas para las ciencias, las artes o la filosofía, y que dedican su vida, o parte de ella, al estudio y el avance de la razón. ¡De estos sí debe de haber muchos millones! Sin embargo el bueno de Gilles Lipovetsky nos dirá, con cierto tono grave, que se venden aproximadamente la misma cantidad de libros de filosofía y pensamiento hoy que los que se vendían a finales del siglo XIX. ¿Cómo es esto posible? No dudo lo más mínimo que el precio de los libros en relación al costo de la vida es hoy muy inferior al de finales del XIX, donde un libro era un artículo lujo como una pluma Montblanc, y además en esa fecha la población mundial era de aproximadamente mil seiscientos trece millones de habitantes frente a los siete mil seiscientos millones de hoy, y el analfabetismo campaba a sus anchas, ¡y hoy tenemos Amazon y podemos comprar los libros digitales! ¿Se equivocará Lipovetsky, o ambos tenemos la misma idea necia a la que casi no nos atrevemos a dar forma en nuestras cabezas?

¿Y si la brillantez intelectual, la dedicación al estudio y su difusión no respondieran a una matemática de aumento proporcional, y si fuera una constante relativa, esto es, que aumentara a un ritmo infinitamente menor que otras, como la mediocridad y la estupidez?

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN

La idea sería entonces que, por ejemplo, allá por el siglo IV a.C., cuando la población de la tierra se tasaba en no más de ciento cincuenta y dos millones de habitantes, el número de mentes capacitadas y brillantes podría ser de “x”, en esta “x” estarían los filósofos griegos, los sabios chinos, los sacerdotes olmecas, etc… Así pues “x”, coincidiremos todos, no debía ser una cantidad muy abultada. Y al pasar de las centurias y milenios, llegados a la era del Twitter ésta “x”, que debiera multiplicarse por el cociente de crecimiento poblacional, lamentablemente permaneció casi constante, aumentó sí, pero muy sutilmente, tanto que en más de 120 años, los que va desde finales del siglo XIX a hoy, la venta de libros de filosofía ha seguido el mismo patrón, la misma constante.

Te lo voy a explicar con pelotitas de ping pong. Imagina un recipiente transparente donde caben mil de estas pelotas blancas, y entre ellas metemos veinticinco de color rojo. Por mucho que movamos las pelotas con un palo, es más que probable que siempre veamos en la superficie, o a través de las paredes del recipiente algunas de estas bolas rojas. Y si estas tuvieran conciencia, ojos y boca, también se verían entre sí, podrían juntarse, hablar, intercambiar ideas, aprender las unas de las otras y generar asociaciones o movimientos, incluso facciones contrarias y escribirse libros desdiciéndose la una a la otra. Ahora imagina un recipiente aún mayor donde hay diez millones de pelotitas de ping pong blancas y metemos doscientas cincuenta rojas y las meneamos todas con gusto por un buen rato. ¿Seremos capaces de ver alguna bola roja? Y si tuvieran conciencia y ojos ¿serían capaces de verse entre ellas a través del inmenso enjambre de bolas blancas? LEIBNIZ Esto sería muy improbable, así que a mayor cantidad de bolas blancas, mayor dificultad tendrán las rojas para poder trabajar juntas, compartir ideas, refutar a otras y avanzar sea cual sea su campo de conocimiento, así que la  labor de estas, la de incentivar y posibilitar el crecimiento de la razón y el conocimiento a pesar del aumento de la imbecilidad y la sinrazón del mundo se dispersa, se aísla de la posibilidad del diálogo entre pares y finalmente se convierten en una anécdota, en una mónada, en un mal chiste leibniziano.

Me dirás que es una idea ridícula y sin sustento, que casi pareciera que da la razón a Platón, y tienes toda la razón, no te lo puedo discutir y si me preguntas en la calle posiblemente te diré que yo jamás lo he dicho, aunque esté aquí escrito. Pero es como el éter, una idea estúpida y sin fundamento que permitía explicar muchas cosas que la ciencia aún no era capaz de descubrir por sí misma. Pero la cuestión no es esa, la pregunta es ¿y tú, tú que buscas el reflejo de la mirada de Einstein en la de tus hijos, o vanidosamente en tu propio reflejo en el espejo, de qué color te crees que eres, roja o blanca? ¿Y si me dices roja, qué estás haciendo para encontrar a tus semejantes?

Aquí comienza esta nueva aventura…

CITIZEN KANE (1941)

Queridos amigas y amigos:

Iniciar un blog siempre es una responsabilidad, ya que solos no se llenan y aunque la fuerza pueda acompañar al principio, el compromiso debe ser una constante para que este canal esté vivo y sirva realmente para algo.

Mi intención es poder sumar artículos con periodicidad quincenal y mientras, para no parecer demasiado indolente, ir subiendo carteles y crónicas de eventos por venir o recién realizados donde participe, críticas o sugerencias de libros, películas o discos y todo lo que vaya surgiendo o me vayan sugiriendo ustedes.

Estos son mis principios y a ello me comprometo… ¡por ahora! ¡Quién sabe qué acabe siendo este blog!

Un abrazo a todos y todas, Vico.